EL SEXO ES UN COÑAZO

29 Octubre 2009

Hola, soy María Lapiedra.

Ya sé que no hace falta que me presente: seguro que algunos ya me conocéis por mi famosa publicación en la revista Muy interesante,[pausa]. Sí, la de la literatura universal contemporánea.

Otra minoría a lo mejor me conoce por mis apariciones en el mundillo del corazón. Y los demás sois unos pajilleros.

Ahora viene cuando las chicas le preguntan a sus novios si siguen la literatura contemporánea para ver si son unos pajilleros. Porque si siguen el mundillo del corazón, es que son gays.

O puede que no. A lo mejor no son gays. A lo mejor es sólo una fachada. A lo mejor hacen como Boris Izaguirre, que no es gay, pero se lo hace para que las chicas no protesten cuando les toca las tetas.

Que sí, que yo sé que es una cosa que a los chicos os da rabia, ver a otros tíos que, porque son gays, les dejamos que nos toquen las tetas. Y que nos toquen el culo. Y que nos coman el coño…

Pero sólo porque son gays. No pasa nada. Incluso nos hace gracia.

Si hay una táctica infalible para llevarte a la cama a una tía, es decirle que eres gay, porque una mujer nunca aceptará que no es capaz de ponérsela dura a un tío.

“Hola, soy Pablo y soy gay.”

“¿De verdad? Y si bailamos así, pegaditos, no te pones cachondo?”

“No, claro que no. Es que soy gay”.

“Ya. Pero si te toco el paquete así, ¿seguro que no te pones cachondo?”.

“Que no, que no, que soy gay…”.

[ACTING mamada, con micro]. “¿Y si te la como así? ¿Y si te la como así?”

[ACTING corrida, limpiándose la boca cabreada] “¡Oye tío, que tú no eres gay!”.

A veces yo también lo hago: digo que soy lesbiana, y no veas la de tías que me quieren comer el coño.

Y es que ya digo yo que hay tres cosas que mueven el mundo. Sí, sí, son tres… De dos de ellas ahora mismo no me acuerdo, pero seguro que la tercera es el sexo.

Aunque si me preguntáis a mí, os diré que tampoco es para tanto. Porque, francamente, el sexo está sobrevalorado. Vamos, que es un coñazo. Todo el mundo dice que se lo pasa de puta madre en la cama, y no digo yo que no. Pero no será follando…

Porque vamos a ver, ¿cuánto dura un orgasmo? Pues lo que tarda un en tomarse un chupito [ACTING, gemido de orgasmos]. Y eso en el mejor de los casos, porque a veces te encuentras el vaso vacío…

Y lo que jode es que encima te lo tienes que currar. Que si llamar a un tío, que si quedar con él, que si ducharse, que si depilarse, que si convencerle para que se venga a tu casa para no tener que coger un taxi, que si cambiar las sábanas y limpiar todo un poco…

Mucho más fácil lo del chupito, ¿no?, que dura lo mismo y no tienes que currarte al camarero:

-Venga, tonto, ponme un chupito, si no te va a pasar nada…

Sí, reconozco que el sexo está bien al principio. Por la novedad, porque a veces el chico está bueno. El problema llega cuando empiezas a practicarlo en pareja y, claro, las cosas se joden.

Ahí ya entran las grandes mentiras del sexo. Como lo del orgasmo simultáneo. Chicos, chicas: ni lo intentéis, porque es imposible. Lo que yo os diga: imposible.

Es como pretender ponerse de acuerdo para eructar los dos al mismo tiempo. ¡Pero si es que eso no hay quien lo controle!

¿Vosotras habéis visto parejas que eructen a la vez? ¿Os lo imagináis?

Él, dándose un atracón de pizza, eructa de repente y ella que le dice:

-Eres un cabrón egoísta, ¡no me has esperado!

Al final, por no quedar mal, acabaríamos todos fingiendo los eructos.

Que no, que el sexo no vale la pena, que está sobrevalorado. Si es que hasta tienes que fingir que te apetece siempre. Sobre todo si eres un tío, porque si no, todos van a pensar que eres maricón.

Es así. Y no hay derecho. Imagínate que vas a un restaurante, ese día no te apetece solomillo y el maître empieza a decirle a todo el mundo que eres vegetariano.

Aunque hay maîtres que hacen cosas peores. Algunos se tiran toda la comida vigilándote para ver cómo te lo pasas. Y al final te preguntan:

-¿Le ha gustado a la señorita?

Que te dan ganas de decirle:

- Pues sí, me ha gustado mucho. Y usted, ¿ha disfrutado, o me lo he comido todo demasiado rápido? ¿O es que quizás quería que chupara esa gambita un poco más?

Pero bueno, los maîtres aún tienen un pase. Hay gente mucho peor. Como las personas que se ganan la vida con el sexo: [pausa]. Estoy hablando de ¡los sexólogos!

El sexólogo es un tío que va de experto porque tiene un diploma en la pared firmado por el rector de una universidad.

Y digo yo: ¿por qué? ¿Qué pasa, que el rector se lo ha follado?

¿Y como sé yo que a mi chico le va a gustar lo mismo que al rector?

Además, todos los sexólogos te dicen siempre lo mismo: “Al sexo hay que echarle imaginación”.

¡Coño, con lo incómodo que es eso! Antes, como máximo, había dos posturas: “Me apetece o no me apetece”. Pero ahora…

¿Vosotros os habéis leído el Kamasutra? Que si “la carretilla”, que si “el molinete”,

que si “la variante de la medusa”… ¡La variante de la medusa! ¡Joder! ¡Pero si yo no sé ni hacer la medusa normal!

Pero lo peor de todas estas innovaciones es que te conducen a perversiones muy estúpidas. Por ejemplo, la moda esa de hoy en día de insultarse mientras se hace el amor.

Tú estás allí, concentrada, intentando hacer la medusa, controlando tu mente para tener un orgasmo y no fingirlo otra vez y va él y te dice:

-Eres mi putita, ¿verdad? Me encanta follarte el culo, ¡zorra!

Y claro, al final una se calienta y acaba diciendo cosas que no debe: “Pues que sepas que siempre finjo los orgasmos. Y que me haces daño cuando me comes el coño”.

Y claro, por ser así de sincera, aquí me tenéis: tengo 24 años y ya soy la típica mujer española: Ya estoy divorciada.

El 90 por ciento de las parejas españolas se acaban divorciando. Y la principal causa de divorcio es el sexo. Lo que yo os decía: el sexo es vuestro enemigo.

De hecho, si de pequeña eras feliz es porque no pensabas en el sexo. Veías al príncipe azul y no te daba por pensar: “¡Fuá, a ese me lo follaba!”.

De pequeña todavía crees en cuentos en que la máxima muestra de amor es el dulce beso que le da el príncipe a la bella durmiente. Luego comprendes que seguro que en lugar de darle un beso hubiese preferido correrse en su boca. Si llega a hacerlo, ella hubiese despertado para morir ahogada al instante.- [ACTING, ahogo por semen].

De pequeña piensas que debe ser bonito estar dormida dos años y que te despierte el príncipe con un beso. Pero claro, luego de mayor piensas más bien: “Joder, qué putada, dos años sin un polvo, llega el hombre de mi vida y yo sin depilar”. Por no decir el aliento que debe tener una tras dormir 700 noches seguidas sin ni siquiera lavarse los dientes.

Otro problema del sexo, además de que te estropea los cuentos, es que en esto de follar hay mucho incompetente. Chicas, yo no sé vosotras, pero si hay algo que yo odio es un tío que chupe mal un coño.

Yo los tengo clasificados en tres categorías, a cuál peor:

El tipo ventosa. Son como lapas, te da la sensación de que tendrás que vivir con ellos enganchados al coño el resto de tu vida [ACTING, como presentando a tu coño]:  “Papá, te presento a Paco”

Luego están los Fernando Alonso. Los amantes de la velocidad, esos que, en cuanto te acercan la lengua al clítoris ponen el turbo, así, sin anestesia ¡y te hacen un daño!

Y encima, no se te ocurra gritar, porque pensarán que es de placer y aún acelerarán más. Para que paren, dales una hostia fuerte en la cabeza. Y si son ellos los que gritan, les das otra y les dices: “Uy, perdona, es que pensé que gritabas de placer, por eso he vuelto a darte”.

Y, por último, están los peores: los Carlos Sáinz. ¡Los que siempre paran antes de llegar a la meta! Eso sí es horible: estás disfrutando como nunca, pensando que por fin has encontrado el placer oral, y cuando ya estás a punto, a punto, el tío para y te pregunta: “¿Te gusta?”. ¿Y qué haces tú? Pues cogerle fuerte del pelo, ponerle en posición y gritarle como una posesa: “¡Por Dios! ¡Trata de arrancarlo, Carlos!”.

Vale, podéis decir que soy una exigente. Pero no veas tú lo señoritos que se ponen los tíos con las mamadas. ¡Eso sí es exigencia!

A ver, chicos, os voy a contar tres grandes verdades, y aviso que esto va a doler:

Uno: los Reyes Magos no existen.

Dos: este año la liga la gana el Barça.

Y tres: lo de la garganta profunda ¡es un truco!

Así es como lo hacen en las pelis porno, mirad:

[ACTING, pasar el micro por el cuello, hacerlo desaparecer].

¡Tenedlo claro: ¡es imposible que una polla te pase por la garganta sin que te den nauseas! Vamos, ¡tan imposible como ponerse cachonda con Paquirrín!

Otra cosa importante: ¡mi cabeza, es mi cabeza! ¡El hecho de que te esté comiendo la polla no la convierte en tu joystick! ¡Qué manía con lo de movernos la cabeza a vuestro antojo! [ACTING, mover la cabeza]. Tanto empujarla y torcerla, al final parece una la niña del exorcista, ¡joder!

Y otra cosa: no será por sitios. Tenéis todo el cuerpo para correros donde os apetezca. En el culo, en las tetas… Incluso en la cara. Pero, por lo que más queráis, ¡no en el ojo! ¿No se os ha ocurrido pensar en lo que escuece! A mí me hacen eso y espero a correrme para meterles después el dedo en el ojo [ACTING, orgasmo y dedo en el ojo].

Y también tiene tela que cuando le estás comiendo la polla a un tío de repente se vuelva futurólogo. Se adelanta a los acontecimientos obvios y empieza a marcarse frases como: “¡Me voy a correr!”. ¡Pues claro! ¡Eres un tío y te estoy comiendo la polla! ¿¡Hola!?”

Aunque a veces las chicas cometemos el error de pensar que cuando un tío dice que se corre está a punto de hacerlo. Qué va, te esperan aún cinco minutos a ritmo de esprint final, con lo que vas a acabar con tortícolis y rampas en el brazo.

Y eso no es todo, que el sexo aún tiene más inconvenientes. Por ejemplo, la higiene íntima. O la falta de ella, que hay muchos tíos y muchas tías que la descuidan… un poco.

Yo tengo una regla: nunca me enrollo con tíos a los que les huela el aliento, porque si tienen así el desagüe, ¡imaginaros cómo estarán las tuberías!

Y ojo, que no todo es malo. El sexo te deja también buenos recuerdos.

¿Queréis un ejemplo? Yo aún recuerdo mi primera vez. (MÚSICA ROMÁNTICA).

Los padres de mi novio nos dejaron solos toda la tarde en una casa de la playa que tenían en Formentera.

Él también era virgen y yo le amaba locamente. Y me lo hizo con tanto cariño que consiguió que no me doliese lo más mínimo. Era como un sueño [música off, con efecto de disco rallado]. Hasta que abrí los ojos y dejé de soñar. ¿Qué me despertó? ¡El dolor!

¡El dolor que me provocaba ese tío torpe tratando de reventarme el himen como si fuera su peor enemigo!

[apuntando a algún tío del público]. Así que tú, que con esa cara seguro que eres virgen y aún estás a tiempo, !sé delicado!

Al menos, después de esa, tuve otras cinco primeras veces [ACTING, niña inocente]: ”Me da un poco de vergüenza, es mi primera vez”. Pero sólo porque a los chicos les pone el rollo virgen. Ahora ya no cuela. La última vez que le dije a un tío: “Me llamo María Lapiedra y soy virgen”, me contestó: “Sí, seguro. Como no sea del oído…”.

En fin, que a los tíos les gustan o vírgenes o guarrillas, nunca el término medio. Claro que también es algo difícil ser medio virgen, a no ser que seas como Falete: hermafrodita.

A lo mejor será que yo empecé demasiado joven con el sexo, y por eso empecé a aborrecerlo antes. Aborrecer el sexo es un concepto que muchos tíos no podéis concebir, pero eso es porque no folláis.

En mi caso, ya puedes ser míster España, que si no follas bien, acabaré pensando en la lista de la compra mientras saco pelos de la almohada. Y si estamos en la ducha, seguramente aproveche para lavarme el pelo mientras me la metes por detrás.

Aunque para eso, hay que saber fingir un orgasmo.

No es una decisión fácil, porque si finges en la primera cita, estás asumiendo el compromiso de fingir siempre.

Lo mejor es no fingir. Plantarte. Hay que acabar con los malos amantes, y la única forma de hacerlo es ser sincera:

“Mira tío, por cómo me estás follando, deduzco que todas tus ex fingían, pero yo no me voy a comer el marrón sólo porque ellas no tuvieron la decencia de pararte a tiempo. Tienes que esforzarte un poco, ¿vale? Y que conste que te digo todo esto porque me importas, porque me pareces un tío genial, y sobre todo ¡porque quiero correrme, coño!”

Criticar a un tío en la cama tampoco es una decisión fácil. Estás asumiendo que esa noche ya no follarás más. Al menos no con él, porque siempre puedes buscarte una alternativa mientras él corre a decirle a todos sus amigos que eres una frígida.

Ya véis, está claro que el sexo es una mierda. Y es que si fuera tan bueno como dicen, el PP ya lo habría privatizado.